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la sección Educación de esta misma edición, se encuentran amplios criterios
sobre la educación en valores; y, en la revista anterior hallarán un trabajo
los pasos que se requieren para la metodología de un programa de economía
solidaria.
Aquí
procuramos presentar algunos criterios sobre los valores específicos de la
austeridad y el ahorro y sus variables, aplicables a la economía solidaria
dominicana en el momento actual.
Sobre
el concepto de valor, para apoyar las enseñanzas que queremos proponer en este artículo,
solo queremos señalar:
El
valor es un concepto esencial que se expresa con el discurso, cuya solidez se
enraíza en los principios que los sustentan y dan los frutos propuestos
mediante la virtud. Virtud es, pues, la práctica de los valores y principios.
Respecto
a la economía solidaria, y, particularmente el cooperativismo, que es la forma
más conocida en el mundo, y la casi totalidad de su expresión en nuestro
país, solo puede garantizar su eficacia mediante la práctica de los
valores del humanismo económico.
A
nuestro juicio, esa es la mayor razón por la que, por un lado, tenemos un gran
avance cuantitativo en las cifras de las empresas, los socios, el ahorro, los
préstamos, sin embargo, sin embargo, en el orden cualitativo, expresado en el
desarrollo integral, que incluye austeridad, ahorro liberador
No
basta discurso elegante, ni siquiera acompañado del conocimiento de una
principios de un sistema; se requiere, sobre todo, que sus
sustentantes y los dirigentes de las estructuras de participación, sean
coherentes en lo que piensan, sienten hablan y practican, y, de esa manera, se
constituyen paradigma o modelo a seguir, creando un efecto multiplicador.
El
cooperativismo, como economía solidaria, ha de apoyarse en una empresa
libre y liberadora caracterizada por los valores de la austeridad,
ahorro, cooperación, solidaridad, eficiencia, eficacia. Todos estos valores
deben practicarse tanto en las personas físicas como morales, aunque unos son
más propios de una categoría que la otra.
Austeridad
y cooperación deben encarnarse fundamentalmente en las personas.
Austeridad
es valor económico permanente y no circunstancial, como algunos proclaman: se
trata del uso racional de los recursos para satisfacer las necesidades reales,
prescindiendo de las ficticias, producto del consumismo, la emoción, aparentar
lo que no se es o simplemente por moda o porque otros los usan.
Ahorro
consiste en retener de cada ingreso una proporción con dos objetivos
fundamentales: los imprevistos a que está abocado todo ser humano como también
para la inversión.
El
cooperativismo ofrece dos formas de ahorro: el sistemático que debe ser un
porciento fijo de sus ingresos, con la que el socio se convierte en
copropietario de la empresa cooperativa; y el depósito, que es variable y
eventual, y, del cual el socio puede disponer en cualquier momento. Ambos
ahorros convierten al socio en propietario.
Una
eventualidad podría ser hasta quedar cesante el trabajo; en cualquier caso, si
se posee una propiedad podría enfrentarse con mayor facilidad el problema.
Es
un principio socio-económico fundamental que la propiedad es liberadora,
mientras el crédito es opresor; o dicho con otras palabras, la deuda
empobrece mientras el ahorro enriquece.
Un
grave error que comenten muchas cooperativas es inducir a sus socios a
endeudarse para gastos corrientes. Muchas veces incluso con garantía de sus
prestaciones laborales, violentando dos valores esenciales de la convivencia
social como son la solidaridad y la austeridad.
Otras
veces, les otorgan órdenes de compras para otras empresas, cuando en realidad
podrían organizar un programa de consumo mediante el mercadeo de nicho. Con el
mercadeo de nicho se eleva el poder adquisitivo con compras comunitarias hechas
al por mayor.
Otra
novedad, son los bonos para los libros y útiles escolares, cuando lo
correcto sería que el socio presupuestara un ahorro en depósito para tales
fines.
Lo
anterior supone, además, violar un principio cooperativo ancestral y
esencial como es la educación continua.
La
educación continua ha de fundamentase en la integralidad que educa a la persona
orientada a elevar su calidad de vida.
Esa
educación debe comenzar por instruir a los socios en el uso de su presupuesto,
de manera dialógica y racional; y continuar por una instrucción sobre los
valores que elevan la calidad de vida; y, los antivalores que conducen a la
pobreza.
Los
dos antivalores que en mayor grado conducen a la pobreza son el crédito
destinado al gasto, sobre todo, cuando tiene un costo usurero; y el juego
de azar.
El
crédito destinado al consumo, siempre conduce a una disminución del
ingreso ordinario; en mayor grado, cuando se toma a una tasa de interés
elevada.
El
juego de azar es el peor enemigo del progreso porque explota los sentimientos
de los más débiles sobre la falsa promesa sobre un ingreso fácil, rápido y
abundante, cuando en realidad lo único cierto el cálculo de las
probabilidades que siempre será una para ganar y numerosas para perder.
El
egoísmo y la ingenuidad, ni siquiera permite percibir como se multiplican
las loterías, bancas de apuestas, y otros juegos de azar, a expensas del
comportamiento de sus usuarios. Cuando más se juega, por mayor incremento de la
riqueza de los poderosos promotores del vicio, por una parte; mientras
crece la pobreza de los menos afortunados, al otro lado.
Es
ley de la Economía: demanda y oferta son proporcionales. A menos apostadores,
menos loterías, bancas, etc.,; mayor ahorro, mayor inversión, mayor producción,
más empleo, menor costo, menor precio, mayor poder adquisitivo, más
exportaciones, más divisas.
Debemos
insistir en que solo se debe incurrir en una deuda, cuando está destinada
a aumentar la propiedad.
Una
propiedad se aumenta con un préstamo cuando este está destinado a la inversión
sea de autogestión o cogestión; o para el saldo de una deuda usurera, si se
trata de una baja tasa de interés y que, en todo caso, lo que se pague a la
cooperativa sea por un valor inferior.
Cooperación
y solidaridad son tan propios de las personas como de las entidades:
Cooperación es el esfuerzo individual para alcanzar el bien común;
mientras la solidaridad es la vocación de servicio permanentemente abierta a
quienes padecen una necesidad real.
Eficiencia
y eficacia son de de naturaleza eminentemente gerencial.
La
eficiencia tiene sentido cuantitativo midiendo el éxito empresarial por los
resultados económicos.
La
eficacia significa alcanzar los objetivos de desarrollo en función del bien
común y, consecuentemente, encaminados a elevar la calidad de vida de
todos y cada uno de los miembros de la empresa.
(Artículo publicado en la revista "Humanismo Integral" julio - septiembre de 2012)
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